Perfil (TXT gratis)
Mi perfil en hi5 dice lo siguiente:
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¿Recuerdan esos documentales alemanes viejos y de bajo presupuesto que tenían un narrador con fuerte acento español? ¡La shelula! ¡La zéelula! Algo así iniciaban esos documentales. El narrador explicaba lo que pasaba el documental con una inusual dramatización. Aun recuerdo haber escuchado como narraba al punto de las lágrimas la épica del aparato de golgi. El estúpido órgano que le sirve de aparato digestivo a la célula. Me afectó profundamente pensar que la cagamos aún a nivel celular.
Era, en este momento, el aparato de golgi de mi existencia.
Vi ese documental en secundaria, en una pequeña sala que no había sido remodelada desde los cincuentas. Durante la función, la niña que más me gustaba salió hacia el baño. Yo tenía un secreto: un pequeño agujero para observar el baño de las niñas. El secreto, como todo tesoro, tenía un dragón: debía escalar hasta el techo de los baños. Mientras observaba por el pequeño agujero, escuche que el conserje venía hacia donde estaba. No deseaba que un hombre enorme y cincuentón me encontrara con los pantalones abajo. Salí corriendo y me caí desde tres metros hacia las jardineras con los pantalones en los tobillos. Si, lo sé, suena gracioso, pero no lo fue. Una varilla me reventó desde el muslo hasta el pezón izquierdo. Desearía que se rieran mientras corren treinta metros por el patio de la escuela mientras cargan con sus tripas llenas de mierda y sangre que intentan escaparse de su cuerpo.
Era, en ese momento, los lisosomas de mi existencia.
La enorme cicatriz que cruzaba desde mi ingle hasta mi pecho me volvió seriamente tímido. A duras penas pude terminar el bachillerato y cursé una mediocre e incompleta licenciatura en historia del arte. Al final de la carrera, mi padrastro, la única familia que me quedaba, se disparó en la frente limpiando su arma. No murió, pero olvidó ciertas cosas vitales. Uno no puede decir que se está vivo si ha olvidado para qué sirve la comida. Si, él mastica pero cuando termina no traga sus alimentos. Guarda la bola de carne y babas en las bolsas de su bata, en sus zapatos, en los orificios de su cuerpo.
Los servicios de salud del gobierno son tan malos que no podía dejar que lo encerraran, raparan y lo bañaran a manguerazos cada semana. Deje la carrera y trabajé. Tengo ahora tres trabajos. Soy empleado de un museo infantil donde mi jefe es un comunista fracasado que todo intenta explicarlo con Marx. Mi función es simple: limpiar los juegos de los niños, explicar con manzanitas los pintores renacentistas y cubrir a mi jefe cuando ha consumido demasiado crack. Tengo una función adicional, alejar a los pedófilos que día tras día se resguardan en las salas del museo. Mis otros dos trabajos no son emocionantes: soy una botarga sudorosa y maloliente en un parque de diversiones. También soy un pobre maestro de preescolar al que no le han pagado en más de seis meses.
Soy, en este momento, los centriolos de mi existencia.
Faltaría decir algo más. No sé hablar con la gente, lo sé. No puedo evitar sentirme solo de vez en cuando. Mi único contacto con la gente es un grupo de terapia. En la iglesia cercana hacen círculos de ayuda y yo me invento trastornos para tener contacto humano. Los martes por la noche finjo la bulimia más espectacular del mundo. Esa noche, los baños de la iglesia siempre despiden ese dulce olor ácido. Los jueves, finjo luchar contra un Sindrome de Tourette que no me deja vivir. Allí encontré a la única persona de la que, puedo decir, he sentido un real cariño. Ella se llama Linda. Usa enormes botas, camisa a cuadros y luce un espeso bigote femenino. Va a la iglesia porque tiene problemas con la furia. El único par de encuentros que hemos tenido han sido en el baño, junto al letrero que dice “si dios ya viene, yo me largo”.
Soy, por último momento, el retículo endoplasmático de mi existencia.








Como q me recuerda a la pelicula de “El club de la pelea”, igual esta chido.
hmmm tripas… Tasty…
Muy bueno o_o